sábado, 24 de abril de 2010

Balance...






Miro hacia atrás y hago balance de estos cuatro meses que ya han pasado. Definitivamente el resultando son números rojos.

114 días:

* 3 días perdidos.
* 50 días de huida.
* 42 días continuos apoyándome en el alcohol.
* 8 días caminando en Puemayén.
* 2280 cigarrillos.
* 1 despedida alargada y anunciada.
* 1 Separación.
* 5 kilos menos.
* 2 nuevos amigos.
* 10 distintos brazos.
* 4 amigos compañeros de huida.
* 3 nuevos cuerpos.
* 1 despedida agradecida.
* 1 desilusión.
* 1 destello iquiqueño.
* 1 terremoto no vivido.
* 1 proyección.
* 1.000 ilusiones sin fundamentos.
* 2844 kilómetros.
* 1 encuentro.
* 1 despedida no querida y triste.
* 11.694 kilómetros de distancia entre los dos.
* 1.000 besos.
* 1 "mediagua" construida.
* 1 adiós.
* 1 diagnostico médico.

Cuesta tanto seguir avanzando cuando las cosas te empujan constantemente al abismo. Hoy, quiero gritar y correr. Quiero gritarte y correr a buscarte. Quiero correr y abrazarte. Quiero correr y que me digas que sientes lo mismo que yo. Quiero correr y que me grites que te espere.






lunes, 19 de abril de 2010

Considéralo


"Si tienes frío y tiempo me llamas..."
"...y si te faltan refuerzos: mi teléfono en tu agenda..."

viernes, 16 de abril de 2010

Tristeza por una ausencia infinita.



A medida que la manilla del reloj avanza y da cuenta de que la noche pronto terminará, la sensación de pérdida y ausencia se vuelve cada vez más insoportable. Por lo que para contrarrestrar aquello, fumo. Fumo cigarrillo tras cigarrillo para tratar de confirmar el principio de destrucción. Sin embargo, nada sucede. El humo parece contener toda aquella nostalgia. Duele un poco más. 
Todas las ganas y fuerzas parecen irse con la última gota de oscuridad y con la última melodía que rodea este rincón habitado por tu presencia fantasmal. 
A medida que la manilla del reloj avanza, miro hacia el cielo buscando alguna respuesta celestial a esta gran tristeza que embarga mi cuerpo, y de la cual no me puedo desprender. Pero al segundo, me doy cuenta  que no existe dios. Y que necesito otra solución. Miro a mi alrededor y sólo veo cigarrillos, colillas y desorden. Un escenario poco alentador. 
Deambulo por este espacio cerrado y transfigurado por el humo y gritos, buscando algún lugar en el que pueda descansar y olvidarte, pero nada sucede. Tu figura sigue ahí. Tu rostro; tus ojos, tu boca. La reacción siguiente es cerrar los ojos, y abrirlos poco a poco para comprobar tu huida. Nada sucede, tu cuerpo no está pero tu recuerdo sigue envolviendo mi lugar, mi cabeza, mi cuerpo, mis sentidos. 
Los rayos de luz se acercan y mis ganas de matar y llorar siguen en pie. Me vuelvo cristiana y comienzo  a rezar, para pedirle al "de allá arriba" que tu ausencia sea un mero juego de espacio. Pero me vuelve a defraudar. Blasfemo y vuelvo  a mis creencias profanas. 
Suena el reloj. El día comenzó. Decido que ya es una hora "prudente" para ir a mi cama. Me despego de todo y me tumbo en la cama, pero algo sucede, siento un peso al lado mío. Es tu presencia-ausencia. Es tu recuerdo que no me suelta ni por un instante.  Abrazo  tu ausencia y me resigno a tener que vivir con esta tristeza por un tiempo incalculable. 

jueves, 15 de abril de 2010

Desde que te fuiste.


"Y ahora no hay nadie. No hay nadie que vuele en mi trazo desde que te fuiste..."

Las Yeguas del Apocalipsis




"Sangre, gritos, marginalidad homosexual e intervención en la ciudad bajo dictadura"


No está muy claro cómo se conocieron Pedro Mardones Lemebel y Francisco Casas ni el origen del nombre de su colectivo. Pero todo indica que surgió inspirado por el SIDA, que entonces estaba considerada como la plaga del siglo. Frente a esa profecía, estos decidieron personificar la versión femenina de los biblícos jinetes del Apocalipsis.
“En aquel tiempo (1987), cuando surgen las Yeguas..., había muchos temas que urgía politizar en Chile. La homosexualidad no se mencionaba en los proyectos de democratización, y alrededor estaban tópicos como el SIDA, las violaciones de derechos humanos, los desaparecidos... ¿Qué podíamos hacer para expresarnos? Había otros homosexuales que hacían teatro, otros nada. Y se nos ocurrió emprender esta serie de puestas en escena, al principio callejeras y luego más organizadas”, comenzó su recuento Lemebel.
La primera intervención fue el 22 de octubre de 1988, durante la entrega del premio de poesía Pablo Neruda al poeta Raúl Zurita. Irrumpieron aquella ceremonia para entregarle una corona de espinas al poeta. Sin embargo, este se apresuró y respondió "no pienso ponérmela".
1987. Mediodía en el campus Juan Gómez Millas. Un sol potente quema los fierros viejos de las instalaciones intervenidas por los militares de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Pedro Lemebel y Francisco Casas ingresan al reducto de Macul desnudos sobre una yegua en un acto que pretendía refundar la Casa de Bello, emulando la entrada de Pedro de Valdivia a Santiago.





Lemebel y Casas se decidieron y lo hicieron: montaron sobre una yegua y recorrieron la ciudad desnudos rumbo a la Facultad de Arte de la Universidad de Chile. La bestia de tiro era arrastrada por la poetisa Carmen Berenguer, mientras una muchacha les abría paso entre la multitud acompañándose de los bucólicos sonidos de una flauta traversa.
“La Universidad estaba intervenida, llena de milicos. Nosotros hicimos eso para que las minorías, los desarrapados, los indios y los sudacas entráramos al templo del saber de forma irónica y lúdica”, recuerda Berenguer.



No fue la única acción delirante del colectivo. En la memoria permanecen también las tertulias literarias de la época, a las que concurrían nostálgicos poetas y artistas marginados por las listas negras del régimen, o la famosa performance en la sede de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, donde Las Yeguas recrearon la conquista de América bailando a dúo un pie de cueca sobre un dibujo del continente lleno de vidrios rotos, y vestidas cual Frida Kahlo al cuadrado.


Sin embargo, esas míticas Yeguas hoy en día no se hablan. Están peleadas y no dan explicaciones. Por su parte, Francisco Casas editó su primer libro, llamado: "Yo, yegua".
En varios pasajes de Yo, Yegua el tono no es de querella sino de afecto y comprensión, algo que resulta coherente con la declaración de Casas, en el sentido de que entre ellos nunca fueron pareja: “Éramos cómplices de un matrimonio sin sexo. De repente yo me enamoré y me fui con mi chavo. Cambiaron mis prioridades. Yo creo que él no lo resistió”.

Arqueología de la ausencia



Proyecto fotográfico de Lucila Quieto. Esta lo comenzó como su proyecto de tesis. La idea partió puesto que su padre, Carlos Quieto, desapareció durante la dictadura militar argentina, cuando ella tenía cuatro meses de edad. Por lo que no hubo tiempo para tomarse una foto con su padre, por lo que pensó que podría repararse. Se le ocurrió proyectar sobre una pared una diapositiva de una foto de su padre y fotografiarse ella misma junto a la fotografía proyectada. Todo realizado bajo el trabajo de foto-montaje.


“Pedí a cada hijo que buscara en sus cajas una foto de su padre, que luego reproduje en diapositivas. Las proyecté sobre una pared y les pedí que se introdujeran entre la cámara y la imagen” explica Lucila.






La "arqueología de la ausencia" logra atrapar con sus montajes fotográficos un tiempo que no existe, crear momentos irreales en los que hijos y padres separados por la muerte, el secuestro o la desaparición posan juntos por primera vez.


Ausenc ' as


Exposición de Gustavo Germano en donde muestra el desgarro de la dictadura militar argentina. Este proyecto parte de la base de álbumes familiares, muestra quince casos que ponen rostro al universo de los que ya no están: trabajadores,militantes de barrio, estudiantes, obreros,profesionales o familias enteras, todos ellos víctimas del plan sistemático de represión ilegal y desaparición forzada de personas instaurado por la dictadura militar en Argentina entre 1976 y 1983.

"La desaparición forzada de personas que debían esfumarse en la nada fue el método elegido por la dictadura argentina de 1976-1983. Según varios de sus jefes, así buscaron evitar la condena de la Santa Sede, con la aprobación sigilosa de la jerarquía argentina. Pero a cambio consiguieron que aquel pasado atroz llegara a ser un insomne presente perpetuo, como la maldición que Neruda pensó para Franco. Más que los juicios penales, las investigaciones periodísticas o los ensayos filosóficos, el arte da cuenta del vacío lacerante que la ausencia inexplicable provoca. Como las esculturas de Juan Carlos Distéfano o los poemas de Juan Gelman, los cuadros de Carlos Alonso o los del español Ramos Gucemas, las fotografías de Gustavo Germano y los puntos que en cada leyenda reemplazan al nombre ausente evocan ese trauma fundador de la identidad argentina contemporánea y nos introducen al misterio del tiempo con la muda violencia de un gesto congelado" Horacio Verbitsky.


Caso Eduardo Germano.
Eduardo Raúl Germano, 18 años.
Es secuestrado el 17 de diciembre de 1976 en Rosario (Santa Fe) En septiembre de 2007 Eduardo Germano sigue deternido-desparecido.

1969.






Gustavo M. Germano
Guillermo A. Germano
Diego H. M. Germano
Eduardo R. Germano.

2006.






Gustavo M. Germano
Guillermo A. Germano
Diego H. M. Germano
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Caso Raúl María Caire.
Raúl María Caire, 27 años
Es secuestrado junto a su mujer y sus dos hijos el 2 de noviembre de 1976 en Resistencia (Chaco). En septiembre de 2007, Raúl María continúa detenido-desaparecido.







1973
Andrés Servín
Raúl María Caire
Luisa Inés Rodríguez.







2006
Andrés Servín
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Luisa Inés Rodríguez.


Caso María Irma Ferreira.
Maria Irma Ferreira, 22 años







Es asesinada junto a su marido el 7 de enero de 1977 en Rosario (Santa Fe). En septiembre de 2007, la familia sigue reclamando justicia.







1970
Maria Irma Ferreira
Maria Susana Ferreira.







2006
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Maria Susana Ferreira.


Caso Omar Darío Amestoy.
Omar Darío Amestoy, 31 añosMaría del Carmen Fettolini, 29 años Maria Eugenia Amestoy, 5 añosFernando Amestoy, 3 años



La familia Amestoy es asesinada el 19 de noviembre de 1976 en la “Masacre de la calle Juan B. Justo”, San Nicolás de los Arroyos (Buenos Aires). En septiembre de 2007, las familias continúan reclamando justicia.







1975
Omar Darío Amestoy
Mario Alfredo Amestoy.







2006
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Mario Alfredo Amestoy.



Conmovedor proyecto. Tan brutales fueron las dictaduras en Latinoamérica, que aunque el tiempo siga transcurriendo las heridas no cicatrizan. Y si, en algunos casos, no duele ya la herida, quema la cicatriz.
Gustavo Germano logró un proyecto desgarrador, que logra disiparse por todo el cuerpo. Y nos hace cuestionar constantemente los límites del ser humano y su capacidad de ser un miserable. De ser miserable y regar miserias.